Honduras y El Salvador siempre solidarios en momentos de tragedia

SAN PEDRO SULA. Tras la devastación causada en 2001 por un sismo de 7. 6 grados en la escala de Richter en El Salvador, Honduras envió medio centenar de camiones cargados con ayuda humanitaria y una brigada de 248 personas que, durante dos meses y medio, participaron en labores de rescate de personas y reconstrucción de vivendas y carreteras. Casi dos décadas después, El Salvador ofrece el mismo gesto a Honduras al enviarle 54 camiones que, entre otros artículos, han transportado 880 toneladas de alimentos; además, una brigada de 150 personas de la Cruz Roja, Cruz Verde, Cuerpo de Bomberos y de otras instituciones de ese país vecino. En medio de las tragedias provocadas por fenómenos naturales, los Gobiernos de los países centroamericanos, independientemente de sus diferencias personales o políticas, han mantenido la solidaridad para ayudar a las víctimas de los siniestros como las del huracán Eta. “Siempre, siempre, no desde ahora, ha habido apoyo entre los países. Guatemala nos ha apoyado cuando nos ha tocado alguna situación aquí, nosotros también apoyamos a Guatemala. En 1976, creo, cuando yo estaba en la Cruz Roja, cargamos camiones con arroz, frijoles, azúcar, arroz y llevamos a Guatemala. Esto (el envío hecho por El Salvador) no es nada novedoso. Siempre ha habido comunicación entre los países cuando hay desastres. Creo que es la primera vez que El Salvador apoya a Honduras en una situación de esta naturaleza”, opina Juan Bendeck, quien desempeñó el cargo de comisionado de la Comisión Permanente de Contingencias (Copeco) durante el gobierno de Carlos Flores (1998-2002). En enero de 2001, cuando el terremoto destruyó gran parte de El Salvador, Bendeck dirigió a los hondureños que llegaron a ese país y coordinó la entrega de ayuda humanitaria valorada en cerca de un millón de dólares. “Siendo yo comisionado de Copeco, recuerdo que el presidente Carlos Flores me llamó, él iba saliendo para Estocolmo (Suecia) porque estaba negociando la ayuda para el país por lo que había causado el huracán Mitch (1998). Me pidió que saliera de inmediato para El Salvador a ponerme a las órdenes del presidente Francisco Flores (1999-2004). El mismo día por la tarde volé a San Salvador y logramos entrevistarnos con el presidente de El Salvador, mientras tanto estábamos organizando en San Pedro Sula y Tegucigalpa las brigadas que iban a salir para allá. Eso fue un domingo o lunes. El miércoles salimos de Tegucigalpa a las 4:00 am rumbo a El Amatillo con los camiones cargados”, relató Bendeck. Bendeck recuerda que en 48 camiones transportaron madera y láminas metálicas para reconstruir las viviendas dañadas, ayuda humanitaria y “el equipo completo del Batallón de Ingenieros, los médicos del Hospital Militar, Cuerpo de Bomberos, Visión Mundial, Cruz Roja y muchos voluntarios: eran 248 personas”. Recibimiento“Al llegar a El Salvador fuimos recibidos con mucha alegría. La misión nuestra era ir a la ciudad de Santa Tecla (…). Llegamos a la carretera del aeropuerto internacional de El Salvador, donde fuimos interceptados por un general que nos hizo regresar a San Miguel porque no habían recibido ninguna ayuda en ese lugar. Fuimos a un lugar que se llama Berlín y Santiago de María, San Vicente, que es de Usulután. Cuando llegamos a Berlín nos encontramos con la sorpresa de que la mitad de la comunidad estaba destruida. Regresamos al cuartel y comenzamos a mover todo el equipo, las excavadoras, las volquetas, todo por cuenta nuestra. Todos los gastos de alimentación, combustible, repuestos de vehículos era por cuenta de Honduras. Yo tenía el apoyo del presidente Carlos Roberto Flores y la ministra de Finanzas, Gabriela Núñez, para cumplir con esa misión”, dijo. En Berlín y Santiago de María, la brigada hondureña rescató cuerpos de entre los escombros de casas de adobe y techos de teja que se desplomaron, trabajaron en la limpieza y reconstrucción de carreteras. Posteriormente se trasladaron a San Vicente, donde Nicolás Barrera, un alcalde del FMLN, “nos atendió de maravilla e izamos la bandera de Honduras”. “Estuvimos dos meses y medio ayudando en tareas de limpieza, arreglo de carreteras, en llevar ayuda humanitaria. Muchos alcaldes de Intibucá y Lempira llegaban con ayuda en sus carros también. El alcalde de Colomoncagua llevó ropa, alimentos. Era similar a lo que se está dando el día de hoy, la diferencia es que aquello era un terremoto y aquí es una inundación. Los médicos del Hospital Militaron atendieron a toda la población”, expresó. Después de dos meses y medio en San Vicente, en el último día de la brigada, “el presidente de Honduras voló en helicóptero hasta ese sitio y se hizo una ceremonia muy formal, con los himnos de El Salvador y Honduras. Allí estaba el presidente también de El Salvador. Por cierto, la relación entre los dos presidentes no era nada óptima y este evento hizo que las cosas se arreglaran. Fue un momento que sirvió para limar asperezas”, recuerda con satisfacción Bendeck.,

Juan Bendeck, comisionado de la Comisión Permanente de Contingencias (Copeco) durante el gobierno de Roberto Carlos Flores (1998-2002), dirigió la brigada de 248 hondureños que llegaron a El Salvador a rescatar cuerpos de entre los escombros, reparar viviendas, hacer limpieza y reconstruir carreteras dañadas por dos terremotos que sacudieron a ese país en 2001 . archivo

SAN PEDRO SULA.

Tras la devastación causada en 2001 por un sismo de 7.

6 grados en la escala de Richter en El Salvador, Honduras envió medio centenar de camiones cargados con ayuda humanitaria y una brigada de 248 personas que, durante dos meses y medio, participaron en labores de rescate de personas y reconstrucción de vivendas y carreteras.

Casi dos décadas después, El Salvador ofrece el mismo gesto a Honduras al enviarle 54 camiones que, entre otros artículos, han transportado 880 toneladas de alimentos; además, una brigada de 150 personas de la Cruz Roja, Cruz Verde, Cuerpo de Bomberos y de otras instituciones de ese país vecino.

En medio de las tragedias provocadas por fenómenos naturales, los Gobiernos de los países centroamericanos, independientemente de sus diferencias personales o políticas, han mantenido la solidaridad para ayudar a las víctimas de los siniestros como las del huracán Eta.

“Siempre, siempre, no desde ahora, ha habido apoyo entre los países.

Guatemala nos ha apoyado cuando nos ha tocado alguna situación aquí, nosotros también apoyamos a Guatemala.

En 1976, creo, cuando yo estaba en la Cruz Roja, cargamos camiones con arroz, frijoles, azúcar, arroz y llevamos a Guatemala.

Esto (el envío hecho por El Salvador) no es nada novedoso.

Siempre ha habido comunicación entre los países cuando hay desastres.

Creo que es la primera vez que El Salvador apoya a Honduras en una situación de esta naturaleza”, opina Juan Bendeck, quien desempeñó el cargo de comisionado de la Comisión Permanente de Contingencias (Copeco) durante el gobierno de Carlos Flores (1998-2002).

En enero de 2001, cuando el terremoto destruyó gran parte de El Salvador, Bendeck dirigió a los hondureños que llegaron a ese país y coordinó la entrega de ayuda humanitaria valorada en cerca de un millón de dólares.

“Siendo yo comisionado de Copeco, recuerdo que el presidente Carlos Flores me llamó, él iba saliendo para Estocolmo (Suecia) porque estaba negociando la ayuda para el país por lo que había causado el huracán Mitch (1998).

Me pidió que saliera de inmediato para El Salvador a ponerme a las órdenes del presidente Francisco Flores (1999-2004).

El mismo día por la tarde volé a San Salvador y logramos entrevistarnos con el presidente de El Salvador, mientras tanto estábamos organizando en San Pedro Sula y Tegucigalpa las brigadas que iban a salir para allá.

Eso fue un domingo o lunes.

El miércoles salimos de Tegucigalpa a las 4:00 am rumbo a El Amatillo con los camiones cargados”, relató Bendeck.

Bendeck recuerda que en 48 camiones transportaron madera y láminas metálicas para reconstruir las viviendas dañadas, ayuda humanitaria y “el equipo completo del Batallón de Ingenieros, los médicos del Hospital Militar, Cuerpo de Bomberos, Visión Mundial, Cruz Roja y muchos voluntarios: eran 248 personas”.

Recibimiento“Al llegar a El Salvador fuimos recibidos con mucha alegría.

La misión nuestra era ir a la ciudad de Santa Tecla (…).

Llegamos a la carretera del aeropuerto internacional de El Salvador, donde fuimos interceptados por un general que nos hizo regresar a San Miguel porque no habían recibido ninguna ayuda en ese lugar.

Fuimos a un lugar que se llama Berlín y Santiago de María, San Vicente, que es de Usulután.

Cuando llegamos a Berlín nos encontramos con la sorpresa de que la mitad de la comunidad estaba destruida.

Regresamos al cuartel y comenzamos a mover todo el equipo, las excavadoras, las volquetas, todo por cuenta nuestra.

Todos los gastos de alimentación, combustible, repuestos de vehículos era por cuenta de Honduras.

Yo tenía el apoyo del presidente Carlos Roberto Flores y la ministra de Finanzas, Gabriela Núñez, para cumplir con esa misión”, dijo.

En Berlín y Santiago de María, la brigada hondureña rescató cuerpos de entre los escombros de casas de adobe y techos de teja que se desplomaron, trabajaron en la limpieza y reconstrucción de carreteras.

Posteriormente se trasladaron a San Vicente, donde Nicolás Barrera, un alcalde del FMLN, “nos atendió de maravilla e izamos la bandera de Honduras”.

“Estuvimos dos meses y medio ayudando en tareas de limpieza, arreglo de carreteras, en llevar ayuda humanitaria.

Muchos alcaldes de Intibucá y Lempira llegaban con ayuda en sus carros también.

El alcalde de Colomoncagua llevó ropa, alimentos.

Era similar a lo que se está dando el día de hoy, la diferencia es que aquello era un terremoto y aquí es una inundación.

Los médicos del Hospital Militaron atendieron a toda la población”, expresó.

Después de dos meses y medio en San Vicente, en el último día de la brigada, “el presidente de Honduras voló en helicóptero hasta ese sitio y se hizo una ceremonia muy formal, con los himnos de El Salvador y Honduras.

Allí estaba el presidente también de El Salvador.

Por cierto, la relación entre los dos presidentes no era nada óptima y este evento hizo que las cosas se arreglaran.

Fue un momento que sirvió para limar asperezas”, recuerda con satisfacción Bendeck.

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