Iudpas teme que elecciones de 2021 en Honduras reediten los fallos de 2017

Tegucigalpa, Honduras. Honduras celebrará en 2021 elecciones primarias y generales con altas probabilidades de que se reediten las características del proceso de 2017, cuando la debilidad de las instituciones electorales quedó en evidencia, advirtió el Instituto Universitario en Democracia, Paz y Seguridad (Iudpas). La advertencia del Iudpas, que depende de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (Unah), la recoge el libro “Honduras: persistencia y cambios en la cultura política 1980-2020”, escrito por la exrectora de la máxima casa de estudios Julieta Castellanos, quien dijo este miércoles a Efe que “los órganos electorales no tienen la confianza de la gente”. “La gente tampoco tiene confianza en los mismos partidos políticos”, enfatizó Castellanos, una reconocida socióloga e investigadora hondureña, quien además señaló que los problemas que se están dando en el Consejo Nacional Electoral (CNE) y el Registro Nacional de las Personas (RNP), cuando están próximas las elecciones primarias, en marzo, crean más desconfianza. El libro señala que Honduras celebrará este año elecciones primarias y generales “con altas probabilidades de que se reediten las características del proceso electoral de 2017, cuando la debilidad de las instituciones electorales quedó en evidencia, y la falta de confianza y credibilidad de los resultados aportaron al país una crisis de gobernabilidad y de confrontación en el periodo postelectoral que aún persiste”. Los comicios primarios, que solamente celebrarán los tres partidos mayoritarios (Nacional, en el poder; Libertad y Refundación, primera fuerza de oposición, y Liberal, segundo con más asientos en el Parlamento), están previstos para el 14 de marzo. ABSTENCIÓN ELECTORAL SUBE Las elecciones generales de 2017, en las que fue reelegido el actual gobernante hondureño, Juan Orlando Hernández, aún cuando la Constitución no lo permite bajo ninguna modalidad, profundizó la crisis política que el país arrastraba desde el golpe de Estado del 28 de junio de 2009 al entonces presidente, Manuel Zelaya. Un interpretación del sistema judicial, en el que tampoco tienen confianza los hondureños, le dio luz verde a Hernández para que pudiera reelegirse, en unas elecciones en las que, según la oposición, además, hubo “fraude”. Castellanos indicó que la desconfianza en los órganos electorales del país también existe en los partidos políticos, incluso en el Nacional, que lleva tres períodos consecutivos en el poder. El aporte del Iudpas, a través del libro de Castellanos, se orienta a que los hondureños conozcan la “paulatina y constante ausencia de los electores en los centros de votación, y un comportamiento de participación y abstención electoral por regiones que se mantiene en porcentajes similares durante la vigencia y después del fin del bipartidismo, a partir de 2013”. Hasta 2013, Honduras vivió más de un siglo con Gobiernos marcados por un bipartidismo ejercido por los partidos Liberal, fundado en 1891, y el Nacional, en 1903, ambos conservadores. El bipartidismo se rompió con la participación, en los comicios generales de 2013, del Partido Libertad y Refundación (Libre), que surgió luego del derrocamiento de Zelaya, quien el 27 de enero de 2006 había llegado al poder arropado con la bandera del Partido Liberal, que fue relegado a segunda fuerza de oposición. La publicación del Iudpas también da la oportunidad de conocer mejor a los electores en sus preferencias políticas, en su desafecto o afecto hacia los partidos; el porcentaje de hondureños que no tiene interés en la política y que no está dispuesto a votar por ningún partido. Además, permite conocer a los políticos y sus relaciones de poder, los procedimientos, los recursos económicos de que disponen y las prácticas de emplean para acercarse a los electores. El libro subraya que el estudio permite a los partidos políticos y a sus dirigentes dar una mirada retrospectiva y también prospectiva. Además, aporta pistas a la ciudadanía para exigir cambios institucionales, más allá de las instituciones electorales, que fortalezcan la democracia y posibiliten la participación electoral en condiciones menos desiguales; y a los investigadores, la oportunidad de profundizar en los hallazgos, así como en los déficits y fortalezas de otras dimensiones de la democracia. Castellanos recordó que los mayores porcentajes de votación se registraron en las primeras tres elecciones generales (1981, 1985 y 1989), luego de las celebradas en 1980 para elegir la Asamblea Nacional Constituyente que marcó el inicio del retorno a la democracia, después de una década de regímenes militares. AÑO ELECTORAL MARCADO POR LA PANDEMIAEl libro de Castellanos contiene tres capítulos: “Participación electoral 1980-2017, Una aproximación a la cultura democrática y Las estructuras de poder político. Cómo se construyen, Cómo se conservan”. La socióloga también recordó que el regreso a los procesos electorales hace 40 años fue asumido con entusiasmo por los hondureños, al menos en la primera década, con una ciudadanía que acudió a las urnas en porcentajes de participación que debieron interpretarse como apoyo al sistema político y a los partidos. Pero resulta que los porcentajes de participación en las urnas rápidamente fueron en declive. “Los partidos políticos siguieron ganando elecciones con porcentajes que evidenciaban el continuo distanciamiento de los electores de los centros de votación, este fue el primer indicador de un temprano desencanto”, subraya Castellanos en su nuevo libro. Con muchos hondureños incrédulos, entre los que no faltan algunos de la oposición que no descartan que Hernández busque una segunda reelección, aunque él haya dicho que este año es su último en el poder, el país tiene en agenda comicios primarios en marzo y generales en noviembre. Los dos procesos serán marcados por las desgracias que Honduras sufrió en 2020 y que repercutirán también en 2021: la pandemia de covid-19 que lleva diez meses, y las tormentas tropicales Eta e Iota, de noviembre pasado. Castellanos expresó que hay preocupación por la “crispación política” que vive el país, y que en medio de las desgracias causadas por la covid-19 y las dos tormentas tropicales en 2020, “no se están viendo los problemas de fondo”, como la pobreza, la inseguridad, el narcotráfico y otros males que sufre Honduras.,

La Prensa

Tegucigalpa, Honduras.

Honduras celebrará en 2021 elecciones primarias y generales con altas probabilidades de que se reediten las características del proceso de 2017, cuando la debilidad de las instituciones electorales quedó en evidencia, advirtió el Instituto Universitario en Democracia, Paz y Seguridad (Iudpas).

La advertencia del Iudpas, que depende de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (Unah), la recoge el libro “Honduras: persistencia y cambios en la cultura política 1980-2020”, escrito por la exrectora de la máxima casa de estudios Julieta Castellanos, quien dijo este miércoles a Efe que “los órganos electorales no tienen la confianza de la gente”.

“La gente tampoco tiene confianza en los mismos partidos políticos”, enfatizó Castellanos, una reconocida socióloga e investigadora hondureña, quien además señaló que los problemas que se están dando en el Consejo Nacional Electoral (CNE) y el Registro Nacional de las Personas (RNP), cuando están próximas las elecciones primarias, en marzo, crean más desconfianza.

El libro señala que Honduras celebrará este año elecciones primarias y generales “con altas probabilidades de que se reediten las características del proceso electoral de 2017, cuando la debilidad de las instituciones electorales quedó en evidencia, y la falta de confianza y credibilidad de los resultados aportaron al país una crisis de gobernabilidad y de confrontación en el periodo postelectoral que aún persiste”.

Los comicios primarios, que solamente celebrarán los tres partidos mayoritarios (Nacional, en el poder; Libertad y Refundación, primera fuerza de oposición, y Liberal, segundo con más asientos en el Parlamento), están previstos para el 14 de marzo.

ABSTENCIÓN ELECTORAL SUBE Las elecciones generales de 2017, en las que fue reelegido el actual gobernante hondureño, Juan Orlando Hernández, aún cuando la Constitución no lo permite bajo ninguna modalidad, profundizó la crisis política que el país arrastraba desde el golpe de Estado del 28 de junio de 2009 al entonces presidente, Manuel Zelaya.

Un interpretación del sistema judicial, en el que tampoco tienen confianza los hondureños, le dio luz verde a Hernández para que pudiera reelegirse, en unas elecciones en las que, según la oposición, además, hubo “fraude”.

Castellanos indicó que la desconfianza en los órganos electorales del país también existe en los partidos políticos, incluso en el Nacional, que lleva tres períodos consecutivos en el poder.

El aporte del Iudpas, a través del libro de Castellanos, se orienta a que los hondureños conozcan la “paulatina y constante ausencia de los electores en los centros de votación, y un comportamiento de participación y abstención electoral por regiones que se mantiene en porcentajes similares durante la vigencia y después del fin del bipartidismo, a partir de 2013”.

Hasta 2013, Honduras vivió más de un siglo con Gobiernos marcados por un bipartidismo ejercido por los partidos Liberal, fundado en 1891, y el Nacional, en 1903, ambos conservadores.

El bipartidismo se rompió con la participación, en los comicios generales de 2013, del Partido Libertad y Refundación (Libre), que surgió luego del derrocamiento de Zelaya, quien el 27 de enero de 2006 había llegado al poder arropado con la bandera del Partido Liberal, que fue relegado a segunda fuerza de oposición.

La publicación del Iudpas también da la oportunidad de conocer mejor a los electores en sus preferencias políticas, en su desafecto o afecto hacia los partidos; el porcentaje de hondureños que no tiene interés en la política y que no está dispuesto a votar por ningún partido.

Además, permite conocer a los políticos y sus relaciones de poder, los procedimientos, los recursos económicos de que disponen y las prácticas de emplean para acercarse a los electores.

El libro subraya que el estudio permite a los partidos políticos y a sus dirigentes dar una mirada retrospectiva y también prospectiva.

Además, aporta pistas a la ciudadanía para exigir cambios institucionales, más allá de las instituciones electorales, que fortalezcan la democracia y posibiliten la participación electoral en condiciones menos desiguales; y a los investigadores, la oportunidad de profundizar en los hallazgos, así como en los déficits y fortalezas de otras dimensiones de la democracia.

Castellanos recordó que los mayores porcentajes de votación se registraron en las primeras tres elecciones generales (1981, 1985 y 1989), luego de las celebradas en 1980 para elegir la Asamblea Nacional Constituyente que marcó el inicio del retorno a la democracia, después de una década de regímenes militares.

AÑO ELECTORAL MARCADO POR LA PANDEMIAEl libro de Castellanos contiene tres capítulos: “Participación electoral 1980-2017, Una aproximación a la cultura democrática y Las estructuras de poder político.

Cómo se construyen, Cómo se conservan”.

La socióloga también recordó que el regreso a los procesos electorales hace 40 años fue asumido con entusiasmo por los hondureños, al menos en la primera década, con una ciudadanía que acudió a las urnas en porcentajes de participación que debieron interpretarse como apoyo al sistema político y a los partidos.

Pero resulta que los porcentajes de participación en las urnas rápidamente fueron en declive.

“Los partidos políticos siguieron ganando elecciones con porcentajes que evidenciaban el continuo distanciamiento de los electores de los centros de votación, este fue el primer indicador de un temprano desencanto”, subraya Castellanos en su nuevo libro.

Con muchos hondureños incrédulos, entre los que no faltan algunos de la oposición que no descartan que Hernández busque una segunda reelección, aunque él haya dicho que este año es su último en el poder, el país tiene en agenda comicios primarios en marzo y generales en noviembre.

Los dos procesos serán marcados por las desgracias que Honduras sufrió en 2020 y que repercutirán también en 2021: la pandemia de covid-19 que lleva diez meses, y las tormentas tropicales Eta e Iota, de noviembre pasado.

Castellanos expresó que hay preocupación por la “crispación política” que vive el país, y que en medio de las desgracias causadas por la covid-19 y las dos tormentas tropicales en 2020, “no se están viendo los problemas de fondo”, como la pobreza, la inseguridad, el narcotráfico y otros males que sufre Honduras.

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