Óscar Benítez: “Vi la muerte, tengo suerte de estar vivo”

San Pedro Sula. Estuvo entre la vida y la muerte, pero esta vez, como si fuera una respuesta de Dios a sus súplicas, el desenlace fue que la vida le ganó a la muerte. Óscar Benítez, director del cuerpo médico de la Selección Nacional de Honduras, se considera un afortunado por contar que es un sobreviviente del covid-19. El mortal virus, que ha dejado miles de muertos en todo el mundo, lo hizo vivir una pesadilla, de la que al final sobrevivió, “quizás para contar la historia”, relata el prestigioso ortopeda sampedrano. Pero no fue fácil ganar ese partido, lo perdía en tiempo extra y en un momento estando sometido por el monstruoso rival, ya casi rendido, su reacción fue llamar a toda su familia para despedirse, pensó en la derrota y que dejaba este mundo. En ese momento hubo llanto y drama, pero fue precisamente de la situación que también sacó fuerza para ganar la batalla de una forma sufrida, por la mínima diferencia, si lo decimos aplicando un término futbolístico. Datos 30 mil dólares pagaron la hija y la esposa de Óscar Benítez para que el médico se trasladara en avión privado a Estados Unidos y recibiera el tratamiento. 300 camisetas de colección tiene el doctor Óscar Benítez, quien las ha recibido de regalo de parte de los jugadores que ha operado. “Doy gracias a Dios por estar con vida, estoy contento por estar aquí, bendecido, el mejor regalo que pude recibir en este nuevo año es estar vivo. Una de las cosas que me dijo el médico en Estados Unidos antes de darme el alta fue que tuve suerte. Ayer que fui al hospital donde trabajo, de nuevo las salas covid-19 siguen llenas y a la gente hay que decirle que se cuide”, dice el doctor todavía conmocionado. Está consciente de que por su profesión estaba expuesto a contagiarse, pero cuando supo que era positivo reconoce que recibió la noticia con mucho llanto y miedo. “Fue un drama”, reconoce. “Desafortunadamente en el mes de septiembre me contagié, al hacer una cirugía con un paciente salí positivo. Los familiares del paciente me avisaron de la situación y al inicio no me preocupé mucho porque yo andaba doble mascarilla y practicaba todas las medidas de bioseguridad. A los días comencé con una calentura, tos, luego me hice la prueba, salí positivo y ahí empezó el calvario”. El médico sampedrano junto a su esposa Dania y su hijo Óscar. El doctor, mundialista con Honduras en Sudáfrica 2010 y que además ha estado con la Bicolor en la Copa América de 2001 en Colombia, Copas de Oro y Juegos Olímpicos, agrega: “Al principio usé el tratamiento Maiz y Catracho, pero no me dieron resultado, a los días sentí que me moría, estaba súper mal. El doctor Luis Enamorado me ingresó y desafortunadamente él falleció, me dio un pesar, entré en depresión por eso. Las tomografías que me hacían no daban buenos resultados y me comencé a preocupar”. Relata que tenía el 80% de sus pulmones afectados. “Los días pasaban y seguía empeorando. Mi esposa me ayudó, le dije que estaba mal, pero ella también salió positiva después. Yo estaba con la azúcar por las nubes, todo estaba feo. Me metieron a cuidados intensivos, pero les dije que no quería, fue una situación complicada. Pedí hablar con mis hijos porque no sabía si iba a sobrevivir, les conté a ellos cómo estaban las cosas y fue difícil ese momento”. Benítez compartió una de las fotos cuando le tocó luchar contra el covid-19. Se negaba a que lo entubaran pese a que tenía claro que era de vida o muerte. “Les preguntaba qué se podía hacer para que eso no pasara. Yo tenía un seguro médico en Estados Unidos, lo pagaba desde 2001, pero no lo usaba. Ellos me aceptaron, pero ahí también venían otras situaciones, el seguro no incluía el viaje y mi familia me ayudó para poder pagarlo. La familia hizo de todo para poder salvarme la vida. En este viaje que yo tuve aprendí que aquí en Honduras se utilizan algunos medicamentos que no funcionan. Mis pulmones comenzaron a mejorar rápidamente. Estuve hospitalizado dos semanas y luego me dijeron que me fuera del hospital, buscamos un apartamento, mi hija ayudó en eso”. El médico de la Selección asegura que lo que vivió lo ha hecho una mejor persona. ¿Cómo fue ese momento de despedirse de sus hijos?“Es angustiante, fue algo horrible cuando vi que mis hijos estaban llorando. Yo sabía que la radiografía no pronosticaba buenas cosas. Que ellos llegaran me ayudó a ser más fuerte. Los doctores me decían que estaban haciendo todo lo posible para salvar mi vida. Cuando el avión-ambulancia de Estados Unidos vino yo no podía respirar, me subieron y sentí que no iba aguantar, les dije que era mejor que me quedara, me dijeron que me tranquilizara, me cambiaron a oxígeno a alto flujo y eso me ayudó mucho”. El momento más triste fue cuando estando en el aeropuerto por la ventana del avión vio a su familia antes de volar. “Ellos lloraron, antes de volar yo los vi por la ventana, no sabía si los volvería a ver, el drama familiar es lo que te duele más. Cuando eres médico sabes que estás expuesto al virus y que puedes morir, yo incluso ayudé a promocionar el tratamiento aquí en Honduras. El médico sampedrano y su esposa libraron la batalla. En Estados Unidos estaba con las máscaras de reservorio, iba mejorando en la saturación de la respiración, dejé de ir al baño porque bajaba mucho en la saturación, era algo incómodo. Un domingo sí me puse mal, me pusieron sistema de alto flujo y llegaba hasta 90, los doctores dijeron que si el otro día no estaba en 93 me iban a subir a cuidados intensivos, ese día no dormí, era una gran angustia, en la mañana estaba en 93, me dijeron que me iban a dejar donde estaba y me hizo sentir bien, pero la realidad vi la muerte por un momento, eso no se lo deseo a nadie. Cuando me dijeron que mi colega -Luis Enamorado- había fallecido me deprimí, pensé en retirarme de la medicina, sentí que ya no valía la pena, mis amigos estaban muriendo, era mejor dedicarle más tiempo a la familia, y bueno ahora estoy trabajando de nuevo”. Ahora, aunque actúa con más cuidado, no teme a una reinfección. “Me dijeron que en Estados Unidos no estaban reportando casos de reinfección. Ahora solo trabajo medio tiempo, con gente que se selecciona y se hacen las pruebas para saber si están contagiados o no. Mi miedo era que mi colega Enamorado había muerto”. ¿Ser médico le ayudó para salvar su vida?“La decisión que tomé de irme a otro hospital me ayudó mucho, hay que tomar medidas rápidas para salvar tu vida porque el virus es engañoso, a la mayoría le pega y no siente ningún síntoma. Tengo esa suerte de estar con vida y poder estar contando esta historia ahora”. ¿Cómo describe a ese enemigo llamado covid-19?“Este enemigo no sabes cómo te va a patear. Conocemos poco del virus, con esta nueva cepa ahora no se sabe mucho”. ¿Cree que la vacuna será el fin del virus?“Todos nos tenemos que vacunar, yo lo haré. Hay que convivir con la enfermedad, independientemente de lo que pase, y hay que cuidarnos siempre. Es muy difícil para nosotros los médicos todo lo que hemos pasado, estamos cansados, la gente debe darse cuenta de eso. Además el médico pone su vida en riesgo, tiene familia y se le debe proteger con un seguro”. ¿Después de sobrevivir hizo alguna promesa?“Hice promesa con mi familia, fue tratar de no buscarle problemas a ellos, mejorar mi carácter militar con ellos, darles más tiempo y comprenderlos en todo”. Benítez considera que la vida le dio una segunda oportunidad. “Ahora vivo mi vida mucho más tranquilo. Cuando estuve enfermo la única gente que se me acercaba era la de aseo, las enfermeras estaban ahí, a otros colegas no les importó y se metieron a mi cuarto, se despedían de mí, fueron los que siempre me apoyaron. Cuando yo regresé lo primero que hice fue ir al hospital y saludarlos. En esta pandemia aprendí a ver a todas las personas por igual, a ayudar a otros también. Pero hay otra gente a la que le serviste y se te esconde. La gente del fútbol también estaba pendiente de mí, Amado Guevara, Wilson Palacios y otros jugadores me mandaron recuerdos y eso fue muy bonito la verdad”. Al profesional, quien se declara hincha del Marathón, lo pone feliz que hay futbolistas que prefirieron esperarlo para que él los tratara médicamente. “Juan Pablo Montes me estaba esperando, también Wilmer Crisanto que tenía pendiente cirugía. Los jugadores confían en mí, por eso a algunos no les cobro consulta”. ¿A Cuántos ha operado?“Ya perdí la cuenta, la última vez que lo dije, hace como ocho años, eran como 3,000 jugadores, eso lo llena a uno porque ha hecho bien su trabajo. Luis Garrido es la operación más complicada que he realizado, pero también la más exitosa. Se lesionó con la Selección. Tiene siete injertos y verlo jugar en Costa Rica, España y ahora en el Marathón en ese nivel es impresionante”. ¿Usted se considera el mejor ortopeda del país?“No, hay buenos colegas también, tal vez en alguna área en específico sí me considero que tengo más experiencia como rodillas y hombros”. Benítez dice que todo lo que le hizo pasar el covid-19 lo convirtió en mejor persona. “Ahora soy más de hogar, paso aquí o en Siguatepeque, al aire libre, disfruto más el tiempo con mis hijos. Salgo a caminar, perdí 50 libras, era diabético, hipertenso, ahora gracias a Dios he mejorado mucho. Mis pulmones tienen que estar bien, entonces intento estar bien. Yo disfruto mucho el café. Tengo sembrado y con mi hijo pusimos un laboratorio de eso, de barismo. También con los perros que nos gusta mucho, me relaja y me hace sentir bien. Ahora tengo muy pocos, pero de buena calidad, siempre el pastor alemán y el pastor belga, que son para defensa. Tengo caballos, son de salto, nunca me he montado a uno, los tengo por mis hijos que les gusta mucho. Es un deporte caro, pero me gusta mucho la crianza de los animales y verlos crecer”. ¿Y en la cocina qué tal es el doctor Benítez?“Un amigo de Siguatepeque me regaló unos ovejos, y los hago en barbacoa, he invitado a varios de mis amigos y les ha gustado cómo me han quedado, en la casa no hago nada la verdad. En las barbacoas es donde me pongo a experimentar”. ¿Se considera un esposo cariñoso?“Fíjate que a mi esposa le pegó también el coronavirus y estuvo más de un mes así, no la miré y como me fui algunas cosas cambiaron. Con ella soy detallista, mi esposa es muy sencilla, de hogar, a ambos nos gusta casi la misma comida. Mis respetos para ella que estuvo al pie de la bandera mientras estuve mal”. ¿Colecciona aún las camisetas que le regalan los jugadores cuando los opera?“Hace como cinco años que no me regalan nada, se han vuelto tacaños, hay muchos jugadores que son muy apegados, otros te miran en la calle y piensan que no se van a volver a lesionar, tengo más de 300 camisas”. Después de pasar por varios pabellones de la muerte y vencer el covid-19, Benítez cree que su vida sería sin sentido si no la ocupa organizando brigadas médicas para ayudar a gente que no puede pagar una operación.,

La Prensa

San Pedro Sula.

Estuvo entre la vida y la muerte, pero esta vez, como si fuera una respuesta de Dios a sus súplicas, el desenlace fue que la vida le ganó a la muerte.

Óscar Benítez, director del cuerpo médico de la Selección Nacional de Honduras, se considera un afortunado por contar que es un sobreviviente del covid-19.

El mortal virus, que ha dejado miles de muertos en todo el mundo, lo hizo vivir una pesadilla, de la que al final sobrevivió, “quizás para contar la historia”, relata el prestigioso ortopeda sampedrano.

Pero no fue fácil ganar ese partido, lo perdía en tiempo extra y en un momento estando sometido por el monstruoso rival, ya casi rendido, su reacción fue llamar a toda su familia para despedirse, pensó en la derrota y que dejaba este mundo.

En ese momento hubo llanto y drama, pero fue precisamente de la situación que también sacó fuerza para ganar la batalla de una forma sufrida, por la mínima diferencia, si lo decimos aplicando un término futbolístico.

Datos 30 mil dólares pagaron la hija y la esposa de Óscar Benítez para que el médico se trasladara en avión privado a Estados Unidos y recibiera el tratamiento.

300 camisetas de colección tiene el doctor Óscar Benítez, quien las ha recibido de regalo de parte de los jugadores que ha operado.

“Doy gracias a Dios por estar con vida, estoy contento por estar aquí, bendecido, el mejor regalo que pude recibir en este nuevo año es estar vivo.

Una de las cosas que me dijo el médico en Estados Unidos antes de darme el alta fue que tuve suerte.

Ayer que fui al hospital donde trabajo, de nuevo las salas covid-19 siguen llenas y a la gente hay que decirle que se cuide”, dice el doctor todavía conmocionado.

Está consciente de que por su profesión estaba expuesto a contagiarse, pero cuando supo que era positivo reconoce que recibió la noticia con mucho llanto y miedo.

“Fue un drama”, reconoce.

“Desafortunadamente en el mes de septiembre me contagié, al hacer una cirugía con un paciente salí positivo.

Los familiares del paciente me avisaron de la situación y al inicio no me preocupé mucho porque yo andaba doble mascarilla y practicaba todas las medidas de bioseguridad.

A los días comencé con una calentura, tos, luego me hice la prueba, salí positivo y ahí empezó el calvario”.

El médico sampedrano junto a su esposa Dania y su hijo Óscar.

El doctor, mundialista con Honduras en Sudáfrica 2010 y que además ha estado con la Bicolor en la Copa América de 2001 en Colombia, Copas de Oro y Juegos Olímpicos, agrega: “Al principio usé el tratamiento Maiz y Catracho, pero no me dieron resultado, a los días sentí que me moría, estaba súper mal.

El doctor Luis Enamorado me ingresó y desafortunadamente él falleció, me dio un pesar, entré en depresión por eso.

Las tomografías que me hacían no daban buenos resultados y me comencé a preocupar”.

Relata que tenía el 80% de sus pulmones afectados.

“Los días pasaban y seguía empeorando.

Mi esposa me ayudó, le dije que estaba mal, pero ella también salió positiva después.

Yo estaba con la azúcar por las nubes, todo estaba feo.

Me metieron a cuidados intensivos, pero les dije que no quería, fue una situación complicada.

Pedí hablar con mis hijos porque no sabía si iba a sobrevivir, les conté a ellos cómo estaban las cosas y fue difícil ese momento”.

Benítez compartió una de las fotos cuando le tocó luchar contra el covid-19.

Se negaba a que lo entubaran pese a que tenía claro que era de vida o muerte.

“Les preguntaba qué se podía hacer para que eso no pasara.

Yo tenía un seguro médico en Estados Unidos, lo pagaba desde 2001, pero no lo usaba.

Ellos me aceptaron, pero ahí también venían otras situaciones, el seguro no incluía el viaje y mi familia me ayudó para poder pagarlo.

La familia hizo de todo para poder salvarme la vida.

En este viaje que yo tuve aprendí que aquí en Honduras se utilizan algunos medicamentos que no funcionan.

Mis pulmones comenzaron a mejorar rápidamente.

Estuve hospitalizado dos semanas y luego me dijeron que me fuera del hospital, buscamos un apartamento, mi hija ayudó en eso”.

El médico de la Selección asegura que lo que vivió lo ha hecho una mejor persona.

¿Cómo fue ese momento de despedirse de sus hijos?“Es angustiante, fue algo horrible cuando vi que mis hijos estaban llorando.

Yo sabía que la radiografía no pronosticaba buenas cosas.

Que ellos llegaran me ayudó a ser más fuerte.

Los doctores me decían que estaban haciendo todo lo posible para salvar mi vida.

Cuando el avión-ambulancia de Estados Unidos vino yo no podía respirar, me subieron y sentí que no iba aguantar, les dije que era mejor que me quedara, me dijeron que me tranquilizara, me cambiaron a oxígeno a alto flujo y eso me ayudó mucho”.

El momento más triste fue cuando estando en el aeropuerto por la ventana del avión vio a su familia antes de volar.

“Ellos lloraron, antes de volar yo los vi por la ventana, no sabía si los volvería a ver, el drama familiar es lo que te duele más.

Cuando eres médico sabes que estás expuesto al virus y que puedes morir, yo incluso ayudé a promocionar el tratamiento aquí en Honduras.

El médico sampedrano y su esposa libraron la batalla.

En Estados Unidos estaba con las máscaras de reservorio, iba mejorando en la saturación de la respiración, dejé de ir al baño porque bajaba mucho en la saturación, era algo incómodo.

Un domingo sí me puse mal, me pusieron sistema de alto flujo y llegaba hasta 90, los doctores dijeron que si el otro día no estaba en 93 me iban a subir a cuidados intensivos, ese día no dormí, era una gran angustia, en la mañana estaba en 93, me dijeron que me iban a dejar donde estaba y me hizo sentir bien, pero la realidad vi la muerte por un momento, eso no se lo deseo a nadie.

Cuando me dijeron que mi colega -Luis Enamorado- había fallecido me deprimí, pensé en retirarme de la medicina, sentí que ya no valía la pena, mis amigos estaban muriendo, era mejor dedicarle más tiempo a la familia, y bueno ahora estoy trabajando de nuevo”.

Ahora, aunque actúa con más cuidado, no teme a una reinfección.

“Me dijeron que en Estados Unidos no estaban reportando casos de reinfección.

Ahora solo trabajo medio tiempo, con gente que se selecciona y se hacen las pruebas para saber si están contagiados o no.

Mi miedo era que mi colega Enamorado había muerto”.

¿Ser médico le ayudó para salvar su vida?“La decisión que tomé de irme a otro hospital me ayudó mucho, hay que tomar medidas rápidas para salvar tu vida porque el virus es engañoso, a la mayoría le pega y no siente ningún síntoma.

Tengo esa suerte de estar con vida y poder estar contando esta historia ahora”.

¿Cómo describe a ese enemigo llamado covid-19?“Este enemigo no sabes cómo te va a patear.

Conocemos poco del virus, con esta nueva cepa ahora no se sabe mucho”.

¿Cree que la vacuna será el fin del virus?“Todos nos tenemos que vacunar, yo lo haré.

Hay que convivir con la enfermedad, independientemente de lo que pase, y hay que cuidarnos siempre.

Es muy difícil para nosotros los médicos todo lo que hemos pasado, estamos cansados, la gente debe darse cuenta de eso.

Además el médico pone su vida en riesgo, tiene familia y se le debe proteger con un seguro”.

¿Después de sobrevivir hizo alguna promesa?“Hice promesa con mi familia, fue tratar de no buscarle problemas a ellos, mejorar mi carácter militar con ellos, darles más tiempo y comprenderlos en todo”.

Benítez considera que la vida le dio una segunda oportunidad.

“Ahora vivo mi vida mucho más tranquilo.

Cuando estuve enfermo la única gente que se me acercaba era la de aseo, las enfermeras estaban ahí, a otros colegas no les importó y se metieron a mi cuarto, se despedían de mí, fueron los que siempre me apoyaron.

Cuando yo regresé lo primero que hice fue ir al hospital y saludarlos.

En esta pandemia aprendí a ver a todas las personas por igual, a ayudar a otros también.

Pero hay otra gente a la que le serviste y se te esconde.

La gente del fútbol también estaba pendiente de mí, Amado Guevara, Wilson Palacios y otros jugadores me mandaron recuerdos y eso fue muy bonito la verdad”.

Al profesional, quien se declara hincha del Marathón, lo pone feliz que hay futbolistas que prefirieron esperarlo para que él los tratara médicamente.

“Juan Pablo Montes me estaba esperando, también Wilmer Crisanto que tenía pendiente cirugía.

Los jugadores confían en mí, por eso a algunos no les cobro consulta”.

¿A Cuántos ha operado?“Ya perdí la cuenta, la última vez que lo dije, hace como ocho años, eran como 3,000 jugadores, eso lo llena a uno porque ha hecho bien su trabajo.

Luis Garrido es la operación más complicada que he realizado, pero también la más exitosa.

Se lesionó con la Selección.

Tiene siete injertos y verlo jugar en Costa Rica, España y ahora en el Marathón en ese nivel es impresionante”.

¿Usted se considera el mejor ortopeda del país?“No, hay buenos colegas también, tal vez en alguna área en específico sí me considero que tengo más experiencia como rodillas y hombros”.

Benítez dice que todo lo que le hizo pasar el covid-19 lo convirtió en mejor persona.

“Ahora soy más de hogar, paso aquí o en Siguatepeque, al aire libre, disfruto más el tiempo con mis hijos.

Salgo a caminar, perdí 50 libras, era diabético, hipertenso, ahora gracias a Dios he mejorado mucho.

Mis pulmones tienen que estar bien, entonces intento estar bien.

Yo disfruto mucho el café.

Tengo sembrado y con mi hijo pusimos un laboratorio de eso, de barismo.

También con los perros que nos gusta mucho, me relaja y me hace sentir bien.

Ahora tengo muy pocos, pero de buena calidad, siempre el pastor alemán y el pastor belga, que son para defensa.

Tengo caballos, son de salto, nunca me he montado a uno, los tengo por mis hijos que les gusta mucho.

Es un deporte caro, pero me gusta mucho la crianza de los animales y verlos crecer”.

¿Y en la cocina qué tal es el doctor Benítez?“Un amigo de Siguatepeque me regaló unos ovejos, y los hago en barbacoa, he invitado a varios de mis amigos y les ha gustado cómo me han quedado, en la casa no hago nada la verdad.

En las barbacoas es donde me pongo a experimentar”.

¿Se considera un esposo cariñoso?“Fíjate que a mi esposa le pegó también el coronavirus y estuvo más de un mes así, no la miré y como me fui algunas cosas cambiaron.

Con ella soy detallista, mi esposa es muy sencilla, de hogar, a ambos nos gusta casi la misma comida.

Mis respetos para ella que estuvo al pie de la bandera mientras estuve mal”.

¿Colecciona aún las camisetas que le regalan los jugadores cuando los opera?“Hace como cinco años que no me regalan nada, se han vuelto tacaños, hay muchos jugadores que son muy apegados, otros te miran en la calle y piensan que no se van a volver a lesionar, tengo más de 300 camisas”.

Después de pasar por varios pabellones de la muerte y vencer el covid-19, Benítez cree que su vida sería sin sentido si no la ocupa organizando brigadas médicas para ayudar a gente que no puede pagar una operación.

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